martes, 12 de marzo de 2019

Elizabeth Barrett: ¡Levántate y anda! Una historia de amor


Nené Padrón, una excelente amiga de la familia, escribió allá por el año 1968 esta historia entre la fantasía y algo de realidad basada en la rígida época victoriana y  en dos de sus grande personajes, publicado en el periódico La Razón de Buenos Aires, artículo que ha sido descatalogado o no informatizado.

     Infancia de Elisabeth


Míster Barrett no toleraba satélites masculinos alrededor de su hija mayor. Elizabeth estaba acostumbrada a aquella reclusión sentimental. Pero Horne era distinto. Horne era insospechable.
-Míster Horne, usted sabe cómo lo aprecia papá, es usted su preferido.
Míster Horne sonrió vagamente.
-Me parece Elizabeth que la predilección que me demuestra su padre se debe a mi regular edad, cree que soy demasiado viejo para enamorarme de su hija.
Elizabeth se sonrojó. Estaba muy bella así, postrada en la poltrona con sus rizos de niña y su alma de mujer en flor.
-Bueno, míster Horne. Lo voy a poner a prueba, si no es usted tan viejo como cree papá, se dejará seducir y se convertirá en mi aliado.
Horne se parapetó.
-Mi querida miss Ba, considéreme un hermano mayor.
Ella rio alegremente.
-Así no, así no Horne. Todos mis hermanos tienen a papá. Y se trata de pasar un contrabando.
-¿Perfume francés miss Ba? ¿Algún libro vedado? Acaso… ¿Cartas de amor?
Ella reía feliz de su travesura.
-Nada de eso. Algo mucho peor. Necesito que lleve usted mis versos a una revista.
Horne se sobresaltó.
-¿Va a publicar miss Ba? Mister Barret no aprobará…
-Pues voy a publicar en todos los diarios de Londres ¡Seré famosa, Horne…!  Elija, papá o yo. Ahora sabré su verdadera edad.
Horne se rindió.
-Llevaré los versos hoy mismo y que sea lo que Dios y usted quieran, Ba.

***
Mister Barrett era parco y terminante en las órdenes.
-Elizabeth debe descansar.
La vieja criada prefería nombrarla con el apodo familiar.
No lea tanto miss Ba. Le puede hacer daño.
Elizabeth pensaba en voz alta.
-Los críticos alaban mis condiciones, pero objetan mi falta de veracidad  –Menos imaginación- dicen. La vida tiene que palpitar… Yo les daría este sillón para pasar la juventud, esta ventana como único miraje del mundo y a Byron como único amigo de mi soledad.
La criada se atrevió a insinuar una esperanza.
-Tal vez para la primavera se pueda levantar, miss Ba.
Ella suspiró.
-¡Si la primavera hiciera esos milagros, papá la suprimiría con toda seguridad!

***
La primavera no hizo ese milagro. Elizabeth no pudo andar. Pero sus versos, en bandadas bulliciosas, levantaron el vuelo.
-Horne, me alegro de que papá, lo haya sabido perdonar. Usted es un buen amigo. Le debo esta felicidad.
-¿Se refiere a la gloria que ha alcanzado su nombre, Ba-
-No solamente a la gloria Horne… Quizás le deba algo más...  
          
***
En el silencio de la casa dormida, Ba leía otra vez aquella carta.
“Señorita. He leído una y mil veces su libro ¡Estoy loco, arrebatado, feliz! ¡Elizabeth! Amo sus versos… ¡Y la amo a usted!”
Ba mantuvo el tumulto de su corazón.



Robert Browning, el poeta más grande de Inglaterra. Un sueño que nunca se hará realidad.

***

Míster Barrett  era terrible en sus momentos de cólera.
-Desde cuando escribe ese hombre ¡Contesta!
-Desde hace dos años papá.
-¿Le has correspondido?
-Sí… papá.
-¡Insensata! Echar a rodar mi nombre como una moneda manoseada ¡Esto se terminó! Te prohíbo escribirle desde hoy. Esas cartas imprudentes las sabré rescatar. En cuanto a las suyas las quemaré ahora mismo ¡Entrégamelas!
Elizabeth izó bandera de combate.
-De ninguna manera papá. Son más de quinientas. Vendrían los bomberos desde  el cuartel central.

***
La familia estaba consternada.
-¿Qué harás Ba?
-Seguirme escribiendo con Robert Browning. Él nunca me conocerá. Pero necesito sus cartas. Mi esperanza estaba muerta y él la hizo resucitar. Ahora sé que se pueden celebrar los esponsales del espíritu. Ya no deseo nada más.

***
Míster Barrett midió con fría mirada al visitante.
-Su osadía pasa los límites de la tolerancia y el buen gusto. Hemos terminado, señor Browning.
El célebre poeta era un empecinado singular.
-Las razones que usted tiene para negarme la mano de su hija, ¿atañen a mi buen nombre y honor?
Barrett titubeó.
-No tengo nada que alegar en su contra. La razón reside en ella misma. Mi hija es una lisiada y ese matrimonio es una farsa a la que no me puedo prestar.
El visitante no perdió su aplomo habitual.
-Entonces míster Barrett, hagamos un pacto. Ba será mía en un plazo de seis meses, siempre que por sus propios medios salga de esta casa camino del altar.
-¿Algún filtro milagroso, míster Browning?
-No, señor. Un duelo. Usted luchará por mantenerla encadenada y yo por levantarla de su sillón. Será una batalla entre el bien y el mal.

***
Cuando la vio bajar, un poco pálida, con su traje de viaje y su nuevo ajuar, míster Barret no esperó nada ya. Con voz sorda pronunció las palabras de la despedida.
-Te maldigo, que la tierra que pisas no te vuelva ver pasar.
-Así lo espero, papá. Jamás regresaré a Inglaterra. Quiero olvidar. Robert me llevará a Italia. Creo que algún día te podré perdonar.

***

El viajero que apoyado en la borda contemplaba la costa de Inglaterra que se empezaba a perfilar, dijo en un suspiro como si hablara al mar.
-No regreso solo, Ba. Siento que me acompaña tu sombra.

 ***

Míster Barrett apenas alcanzó a balbucear.
-Usted. Usted  Robert Browning, asesino de mi hija. Si nunca hubiese pisado esta casa, Ba hubiera vivido veinte años más…
Browning lo miró con lástima.
-No esquive la verdad, señor.  Yo me llevé de su casa el cadáver de Ba y la hice renacer en Italia. Le di diez años de felicidad en los cuales escribió la obra de su vida. Diez años que cantó como poeta y palpitó como mujer. Usted la mató en vida ¡Yo la hice inmortal!


(Carta de amor de Robert a Elizabeth:


O_O  Buf, cómo hizo para entenderlo… :)


Robert Wiedeman Barrett  Browning, conocido como Pen Browning,  pintor. Su carrera tuvo un éxito moderado, fue más conocido como el hijo y heredero de los célebres poetas ingleses
9 de marzo 1849 Toscana (Italia)-8 de junio 1912 Veneto (Italia)



Robert  Browning, fue una persona muy cultivada sobre todo a nivel familiar, se dedicó desde muy joven  a escribir pero con obras complejas y de poca repercusión a diferencia de esta historia en que Elizabeth lo considera “el poeta más grande de Inglaterra”, cuando en realidad recién en 1868, a través del largo poema The Ring and the Book, pasa a ser considerado entre los primeros escritores de la poesía inglesa y en la actualidad permanece como tal de la época victoriana.  Pero claro había sido el marido de Elizabeth Barrett… Aunque ésta, considerada la mejor poeta en vida comenzó un cierto declive  después de su muerte, hasta que fue rescatada otra vez como una de las mejores de la época victoriana…
Y posteriormente Robert dejó una herencia en la literatarura  que descubrimos aún hoy en día.

¿Pero... qué hubiese sido el uno sin el otro?

No obstante, dos extraordinarios poetas que no sólo siguen dejando huellas propias sino su influencia se mantiene en todos que los han seguido. Creando nexos de estilos con los mejores de todos los tiempos hasta el presente)

 Notas  propias.

No he puesto biografías porque hay cantidad de ambos.


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